september

Saps què?, alguns dies, alguns matins, moltes vegades, tinc ganes d'abraçar-te i d'agafar-te a coll, així, com quan eres un bebè.
I dir-te a cau d'orella, la cosa preciosa que ets i com ets de divertida!.
M'agrada respirar-te, d'aprop, petonejar-te arreu i acariciar la teva pell, suau.
Ja sé que no t'agraden els petons ni les abraçades, bé, això t'ho sembla a tu, perquè quan estàs fluixa, et deixes estimar.
I jo estaré sempre disposada a donar-te espai o envair-te amb petons.
Decideixes tu.
Però avui, necessito abraçar-te, respirar-te i fer-te petons.
Avui fa vuit anys que vas néixer, estimada preciositat i, si tanco els ulls, encara puc sentir la teva primera olor.
Aquella amb la que hagués pogut identificar-te d'entre un milió de nadons.
I els teus ulls esquimals.
Aquests no han canviat gaire. Segueixen traient-me l'alè.
Per molts anys de pura felicitat amor meu.
No hi ha res en aquest món que em faci més feliç que veure-us felices.
I que el desig que demanis en bufar les espelmes es faci realitat.
Feliços 8 anys Moira!

¿Sabes qué?, algunos días, algunas mañanas, muchas veces, tengo ganas de abrazarte y cogerte en brazos, así, como cuando eras bebé.
Y decirte al oído, lo preciosa y divertida que eres!.
Me gusta respirarte, de cerca, besarte por todas partes y acariciar tu piel, suave.
Ya sé que no te gustan ni los besos ni los abrazos, bueno, eso te parece a ti, porque cuando andas floja, te dejas querer. 
Y yo estaré siempre dispuesta a darte espacio o invadirte a besos.
Tú decides.
Pero hoy, necesito abrazarte, respirarte y besarte.
Hoy hace ocho años que naciste, preciosa mía y, si cierro los ojos, aún puedo sentir tu primer olor.
Ese con el que te hubiera podido identificar de entre un millón de recién nacidos.
Y tus ojos esquimales.
Apenas han cambiado. Siguen dejándome sin aliento.

Te deseo años y años de pura felicidad, mi amor.
No hay nada en este mundo que me haga más feliz que veros felices.
Y que el deseo que pidas al soplar las velas, se cumpla.
Felices 8 años Moira.





Lo recuerdo perfectamente.
Ese día.
Llegamos al hospital en ambulancia. No sabíamos qué pasaba, qué iba a pasar...
Sólo que no entendíamos lo que decía. Qué todo el castillo, nuestro pilar, se había desmoronado.


Y entramos por el túnel de urgencias.
- qué le pasa, qué le pasa?!
Le implorábamos al doctor agarrándole del brazo mientras llorábamos desconsoladas.
-Primero las pruebas, esperad en la salita.


Al poco aparecieron tres doctores y nos explicaron.
La falta de plaquetas había hecho que el cerebro de mi madre se inundara de líquido. Por eso desvariaba, por eso toda frase que decía era inconexa y sin sentido.
Le harían una transfusión. Nos dejaban estar a su lado. Cogidas a su mano.
Y así estuvimos no sé cuántas horas.
Salíamos y entrábamos a que nos diera el aire por prescripción médica.
Fue ahí cuando la presión no pudo más. Y estallé.
Me hubiera reventado la cabeza contra la pared si mis hermanos no me hubieran sujetado.
Toda mi rabia, mi dolor, mi pena y mi ser se convirtieron en fuerza, y no podían conmigo.
Hasta que las enfermeras corrieron a administrarme algo.
Fue entonces cuando mi hermano les pidió que no me drogaran, que les dejasen a ellos lidiar con la situación.
Y abrazándonos todos, fuimos sentándonos en el suelo. Delante de decenas de miradas de pena. 
Dolía ver esa imagen.


Al cabo de muchas, muchas horas, mi hermana mayor salió corriendo a la calle.
- la mama ya habla! pregunta por vosotras!
Y Marta y yo corrimos como si nos fuera la vida en ello. Sorteamos las personas por los pasillos, entre llantos y risas.
-mama, mama, mama!!!!!!
Y nos tiramos a la cama encima de ella. 
-Cuidado, cuidado! nos decía mientras nos acariciaba las cabezas.
-mama... mama...


Y entraron los médicos. Me giré a mirar. Sonreían.
-Ya habla!!!!!! les dijimos Marta y yo. 
Y esa sonrisa dulce, se convirtió en sonrisa de pena.
Y en un cuartito, lleno de medicinas y sábanas esterilizadas, nos contaron que la recuperación era pasajera. Fruto de la transfusión.
Que no se había curado. Que volvería a inundársele el cerebro, que volvería a perder la razón.


Nos dejaron unos minutos para decidir.
Decidimos ir a casa. Todos. 
Allí era donde queríamos dar la peor recibida a la muerte.
Era allí donde queríamos mirarle a la cara y despreciarla.
Queríamos que viera allí a quién nos estaba robando.


Y ese día, víspera de mi cumpleaños, llegamos a casa. 
Desde hacía un año, desde que se quedó paralítica, la cama de mi madre estaba en el comedor. En donde estábamos siempre.
Tiramos el sofá. No cabía todo.
Y no recuerdo mucho cómo fue la cosa. Pero alguno de mis hermanos me acercó un paquete.
- Felices 21 años! esto es de parte de todos.


Y no se permitía llorar, no estaba escrito en ningún sitio, era como un acuerdo "no verbal".
Y lo abrí. Era una óptica zoom. Un objetivo. Una lente fotográfica.
Y la monté en la cámara.
-Guau!!!!! es genial!!!!!!!! muchas gracias!!!!!! Mira mama! 
Y le acerqué la cámara a su cara, porque no tenía fuerza para sujetarla.
- Como estás todo el día haciendo fotos..., te gusta?, me preguntó.
-Si me gusta?!?!?!?! me encanta!!!!!! 
Y la abracé, la respiré, la besé.


Mi madre tenía un catéter por donde le suministrábamos los medicamentos y los calmantes.
La morfina se la tomaba en comprimidos.


Le suministramos lo que nos pidió.
Bajamos la cama ergonómica y apagamos algunas luces.


Hacía dos días que mi madre dormía. Ya no se despertó desde mi cumpleaños. Había entrado en coma.
Marta y yo teníamos los colchones en el suelo. Dormíamos allí, a su lado.
Y mirábamos un episodio de Doctor en Alaska. Los grabábamos para cuando teníamos el momento de verlos.
Nos relajaba, los solíamos ver con la mama. Las tres éramos unas fans totales del Dr. Fleishmann (bueno, yo más de Edd, el cinéfilo y Marta de Chris, el radiofonista). 
Y allí estábamos las tres. Mis dos hermanos mayores se habían ido a descansar.
Y entonces pasó.


Se me fue parte del alma. Se esfumó.
Fue como si me vaciaran por dentro.
Un sentimiento de frío, de pavor.


-Apaga!, pasa algo!, le imploré asustada a mi hermana.
-Qué pasa?, me preguntó ella al instante que se levantaba para apagar la tele.


Y me levanté, directa a mi madre.
Ya no estaba.
Se había ido.
La muerte había entrado de puntillas.
Nos la había robado.
La odio.


Y eso fue lo que pasó hace hoy, exactamente, 20 años.
20 cumpleaños sin ella.
Y ahora, entenderéis por qué no me gusta mi cumpleaños.
Y también, por qué nunca he dejado de fotografiar.


Castillos de arena.
Moira y Madicken.
Tjøme, Noruega.


agosto


Estos días se está celebrando la semana internacional de la lactancia materna. 
Un derecho que se le ha privado a millones de mujeres, tanto sea por ignorancia como por interés económico.

La multinacional Nestlé, por ejemplo, es una de esas empresas que ha hecho más daño.
A principios de los años 60, intentó convencer a las mujeres lactantes que el biberón y su fabulosa leche de fórmula era mucho mejor que su propia leche.
En muchos lugares, en donde las mujeres no tenían acceso a la leche de fórmula por su elevado precio, se la regalaban. Durante los tres primeros meses del bebé, la Multinacional les proveía de esa leche, con sus biberones de última generación.
Pero, al finalizar los tres meses, se terminaba el regalo. A partir de entonces, tenían que comprarla.
Y qué pasaba?, pues que no tenían dinero para comprarla y tampoco podían volver al pecho, porque el bebé no lo estimuló en su día, por lo que la leche deja de producirse.
Y la leche de fórmula se mezcla con agua. Y tampoco habían caído esas multinacionales tan humanas, en que en esas regiones el agua está contaminada, o, simplemente, escasea...
Todos los anticuerpos y bacterias que la madre le pasa por el conducto lácteo, protegiendo así al bebé, los recién nacidos de biberón dejaban de consumirlos, dejándoles así a su suerte.

Dar el pecho no es sólo alimentar y proteger. Es dar sosiego, calma. Es abrazar, besar, dar amor.
La comadrona que llevaba mi embarazo empezaba sus vacaciones justo cuando yo cumplía. Y me dejó dicho sólo y únicamente una cosa:

-Digan lo que te digan, tú, la niña, al pecho. No les dejes que le den ningún biberón, ni tampoco ningún chupete. Teta, teta y teta.
-Oh... pero... y si no tengo leche?
-En 35 años de comadrona jamás he visto una mujer que no pudiera amamantar!

Maribel, mi comadrona, es de esas personas que habla claro. Usa el sentido común y habla con propiedad. 
Me explicó cómo tenía que poner la boca Moira, cómo su boca tenía que agarrar la totalidad de la aureola del pezón.
La posición había de ser, barriga con barriga, los primeros días, luego, cuando ya saben, maman haciendo el pino!
Y a demanda. Importantísimo. 
-Has visto alguna vez una vaca o una cabra mirando el reloj?, pues nosotras, como mamíferos, tampoco debemos.- sentenció.

Y acostada en la cama de la clínica, con Moira en brazos, mamando, me sentía la mujer más feliz del mundo.
Notaba fluir vida de mis pechos. Y la apretaba contra mí. Barriguita con mi barriga. Y así, día y noche. 

Pero en la habitación, nuestra vecinita, no paraba de llorar.
Y su madre se desesperaba por momentos.
Y llamaba a las enfermeras.
Y estas, desgraciadamente, no eran Maribel.
-Tiene hambre, ahora te preparo un biberón. 
Era la respuesta que obtenía.
-Pero ya le di!, debe de ser otra cosa!
Suplicaba la mamá.
-Ahora te traigo un chupete.
Acabó arreglando la enfermera.

"Ayyyyy... no!!!!!, Maribel dijo nada de chupetes! teta, teta y teta!!!!", pensaba en mis adentros, "pero... cómo se lo digo?!, quizás piense que soy una entrometida, una de esas "radicales de la teta"?!?! 

-Hola!, perdona... creo que te puedo ayudar!
Tímidamente me pronuncié.
-Ay!, no sé!!!!, no entiendo nada!!!!
-Normal!, tenemos las hormonas a tope!, y no es fácil!, tan pequeñitas... deja que te cuente lo que me han enseñado a mí!

Qué importante es tener a un buen profesional a tu lado!
Qué fácil es todo cuando se sabe hacer!
Qué rabia oír según qué tonterías!
Qué pena que se carguen así algo tan esencial, saludable, práctico, natural e importante!
Qué satisfacción ayudar!
Qué alegría ver a una madre y a su hija descansar abrazadas!
Qué bonita es la lactancia!

Tantas y tantas madres a las que se le ha negado su derecho a amamantar!
Tantos casos que me han explicado, injustificados e intolerables proviniendo de un supuesto equipo de profesionales.
Gracias a todos aquellos pediatras, comadronas, enfermeras, doulas y médicos que sí saben, que sí defienden y sí luchan por ella.

Feliz semana de la lactancia materna.
Compartamos nuestra sabiduría, que es fuente de vida.

Moira.
Cistella, Girona.

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"Juegos educativos".
Recuerdo esa frase escrita en la caja de algunos juegos de mesa de cuando yo era pequeña.

La escribían, supongo, para convencer a los padres de que no "sólo estarían jugando".
Esa manía de pensar que mientras te diviertes no aprendes!, ese convencimiento de algunos de que la educación está reñida con la diversión.

Tuve un profesor de inglés, que era excepcional!, el vocabulario nos lo enseñaba mediante la mímica, subiéndose de un salto a las mesas y sillas, arrastrándose por el suelo, colgándose de los percheros... entre risas y carcajadas, todos esos niños y niñas de la clase gritábamos al unísono la traducción de aquella palabra inglesa.
Estoy segura que cualquiera que nos hubiera escuchado desde fuera del aula, pensaría que a Joan Batallé se le había ido de las manos la clase, más bien al contrario!, entendíamos las palabras y ya no hacía falta memorizarlas ante el temido examen de final de trimestre. El "thirsty", era él arrastrándose por el suelo, a cuatro patas, con la mano limpiándose la saliva seca de la boca, pidiendo, rogando un poco de agua. 

El año pasado, en la escuela de las niñas, estaban estudiando la geometría.
Y empezaron, mediante la papiroflexia, a crear formas geométricas.
Hubieron críticas en si pasarse el día recortando y pegando, era estudiar o no.
Yo no sé si será estudiar o no, sé que es aprender. Aprender de una manera divertida, para que el concepto se entienda, que no sea una frase infinita de palabras incomprensibles.

Durante esa semana, Moira estuvo dibujando todo para después poderlo recortar y crear en 3D. Una casita, con su tejado y su chimenea. Los manzanos se levantaban fuertes con sus manzanitas pegadas con cola blanca, hasta un pájaro, enganchado a un bastoncillo de madera, volaba por encima de ese paisaje.
Le divertía la geometría. Quién lo iba a decir en una niña de siete años!

Y es que el juego, ya sea individual como grupal, es necesario.
Emma y Madicken idean nuevas formas de pesca de medusas y cangrejos. 
Tjøme, Noruega.


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Descansa. Piensa. Vuela con su imaginación.
Y la miro. 
También es para mí un momento de descanso. De pensar. De hacer volar mi imaginación.
Mi ritmo ha tenido que aliarse con los suyos. Y está bien.
También hay días en que no encontramos la sincronía, pasa en las mejores familias.
Así que nos damos nuestro espacio y nuestro tiempo. Han aprendido a respetar esas dos grandes necesidades del ser humano.

Y no lo pude resistir, me pudo la curiosidad.
-En què penses, Madicken?
-Ara mateix?
-Sí.
-En un gelat grandiós de maduixa i xocolata!

Y después de deshacerme en amor, dibujarse una sonrisa de oreja a oreja en mi rostro y disparar la cámara, le dije:

-Esperem que la barca de gelats passi per aquí!. (En Noruega, al ser todo islotes pequeñitos sin nada más que playa, rocas y bosque, los vendedores de helados pasean entre ellas con una barca a motor. Los niños corren mar adentro, con las monedas en las manos.)

Madicken.
Tjøme, Noruega.

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Lluvia de estrellas.
Mediados de agosto.
Moira entró corriendo a casa, jugaba con Lara fuera.

-Mamaaaaaa!, diu la Lara que aquesta nit hi ha pluja d'estels!!!!!!!!
-Oh!, és cert?, que preciós!
-Sí!!!!!!

Y nos preparábamos para el espectáculo, aunque ya les advertí que no era seguro que viéramos alguna.
Estiradas en la hierba contemplábamos un cielo estrellado.
-Però com funciona això, mama?, no hauríem de protegir-nos una mica?  
-Per què?
-No fan mal quan cauen?

Oh Moira!, amor.
Se me olvidó por completo tu extraordinaria imaginación!.
Y cerrando los ojos, embriagándome de ternura y amor, me reí tanto que las contagié, aunque aún no sabían bien, por qué reían.
Entonces es cuando Moira se levanta y hace ademán de ir esquivando estrellas.
Mientras nosotras nos reímos más y más.
Moira
Cistella, Girona.

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Es interesante no llenarles de juguetes cuando uno se va a pasar el día al río o la playa.
Esos juguetes, muy probablemente, harán que no investiguen, descubran, jueguen y se diviertan con cosas que, seguramente, no verían si no fueran al río o a la playa.
Los pedagogos de principios del siglo pasado, aquellos que abogaban por una educación al aire libre, entendían la educación como un trabajo de observación y el juego como la forma de realizarlo.

Moira, Pau, Madicken y Gala descubrieron jugando con los sapos del río que, por ejemplo, los sapos tienen dos párpados, uno sube y el otro baja. 
Que les gusta nadar pero también tomar el sol apoyados con sus patas delantera en la roca. Que es rugoso al tacto y bucea estirando sus patas traseras.
Que les gustan los niños, porque no se iba, se quedaba jugando y cuando estos hacían otras cosas, volvía a nadar entre ellos.
Y cuando Moira se lo puso en la cabeza, recordé aquella fantástica película de Bernardo Bertolucci, "Novecento", cuando Olmo Dalcò se pone el alambre, en donde va clavando todas las ranas del río para vendérselas a los patrones, encima de la cabeza. Y pensé que, tal vez, esa imagen se la encontraron Bertolucci y Storaro de sorpresa, porque hay invenciones y reacciones que solo a un niño se le pueden ocurrir.

Moira y Pau de risas con "El senyor Gripau".
La Muga, Bassegoda, Girona

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julio


No pienso cambiar un ápice la educación que les doy.
No educo a mis hijas en el miedo. Ni en la represión.
Tienen derecho a la queja. 
Tienen derecho a fotografiar a alguien que esté torturando, con la finalidad de denunciar y evitar un acto salvaje e inmoral.
Tienen derecho a la opinión, y sobretodo, opinar de los que se benefician del fruto de su esfuerzo.

Tienen el derecho a rehabilitar una vivienda abandonada, ayudar a quién no tenga la posibilidad de adquirir una.

Tienen el derecho y la obligación moral de solidarizarse con el que lo tiene más difícil, con el que está solo, con el débil, con el necesitado.

Tienen el derecho a la demanda social.
Tienen el derecho a gritar que tienen derechos.
No pienso educar a ser esclavo.
No pienso defender lo indefendible.
Las educaré en la libertad y para la libertad.
Desde aquí, mi más enérgica repulsa.
No a la ley mordaza.




Y los días se juntan con las noches.
Aunque las noches no existan.
Y el sol nos engaña y parece que baje, a esconderse tras el horizonte.
Pero no, vuelve a subir. Radiante, enérgico, deslumbrante.
Y nos quita el sueño.
Nos devuelve a la actividad desenfrenada.
A rebuscar entre las rocas bañadas por el mar esos cangrejos, moluscos y peces que tampoco duermen.
Noruega en verano es un continuo de actividad.
Iluminar constantemente la vida.
Y las niñas, en la isla, pierden la noción del tiempo.
De hecho, la perdemos todos.
Comemos cuando tenemos hambre y dormimos cuando tenemos sueño.
Indiferentes al reloj.

Noches de sol.
Moira pescando.
Tjøme, Noruega.

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El momento de lavarse los dientes e irse a acostar, es tal vez el más difícil de todos a lo largo del día.
Tanto si van arrastrándose de cansancio, como si van como motos después de la cena, siempre he de repetir, ochocientas treinta y dos veces, que se laven los dientes.
Es ese momento en que les asaltan las dudas existenciales, el momento de explicarme algo súper importante (y que no encontraron el momento en todo el día de explicarme), es cuando una y otra me enseñan lo que son capaces de hacer a pata coja o cómo de alto pueden trepar la puerta del baño.
Y Madicken me enseñaba algo mientras yo ponía la pasta dentrífica en su cepillo.

- D’acord Madicken, molt bé, però ara és hora de rentar dents!
- Per què no t’emociones, mama?
- Com?
- Com és que no t’emociones amb el que t’estic ensenyant?

No me cansaré nunca de regalarle los oídos.
De abrazarlas.
No concibo el día sin caricias ni miradas.
Sin palabras de amor.
No deseo que el día ande huérfano de cariño, de emociones, de felicitaciones, de ánimos y de gratitud.
Son merecedoras de las flores más bellas que la naturaleza pueda crear y las vestiré con ellas día sí, día también.
Cuando educas y crías con amor, cuando les das amor y más amor, estás formando una persona feliz, segura, independiente, fuerte y consecuente.
Y esas personas son capaces de todo, hasta de cambiar el mundo!

- Perdona amor, però estic cansada i no feu cas!

Era un papelito. Un papelito doblado minuciosamente por ella.
En él había escrito:
“TASTIMUT MAMA” (T’ESTIMO MAMA)

Madicken boicoteando mi instantánea.
Tjøme, Noruega.

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Respiro, respiro hondo. 

Me lleno los pulmones de aire, dejando que mi sangre se oxigene.
Que llegue así al corazón.
Siento hasta lo más minúsculo.
Me dejo abrazar por el viento.
Y vuelo en mi mente buscando;
pienso en los que están y en los que se fueron.
Me doy cuenta de lo afortunada que soy.
Sin riquezas materiales.
Millonaria en emociones.

He de transmitirles lo mejor.
No me callo, no ahorro en explicaciones.
Me instruyo, intento no dejar nunca de aprender.
Observo.
La poesía de sus movimientos.
Siento.
Sus dudas, sus miedos, sus ilusiones, sus emociones.
Pienso.
Respiro el momento.

Moira
Tjøme, Noruega.

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Moira se rompe la cabeza por entender eso del inicio del todo.
El cosmos, el polvo de estrellas.
El inicio de la vida. El agua.
La evolución animal.
Y la acompaño hasta donde puedo, y cuando me pierdo, volamos juntas en las suposiciones, en las teorías, en las hipótesis.

Estábamos en una de esas conversaciones, las tres, en el coche, cuando les pregunté:
-Què va ser primer, l’ou o la gallina?
Moira se quedó pensativa, con una sonrisa y los ojos como platos.
Madicken respondió ipso facto: 
-la gallina!
-I d’on va sortir la gallina?
-De l’ou!
-I qui va pondre l’ou?
-Doncs la seva mare!


Amigos, ya tenemos el gran dilema resuelto!

Madicken a punto de hacer un "ollie"
Tjøme, Noruega

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- Vengo a recoger el paquete que dejó encargado mi mujer.
Dijo un hombre al entrar en la tienda en donde Guiomar y yo esperábamos nuestro turno.

Giomar es una amiga de la infancia. Estudiamos en la misma escuela, nos llevamos dos años, pero por calendario, nos separaban tres cursos.
Al poco me fijé en ella.
Solía sentare en los bancos del patio a desayunar; zanahorias, apio o manzanas. Leía a García Lorca, Machado y Benedetti.
Ella tenía 11 años y yo 13.
Me fascinaba su indiferencia por la ignorancia de algunos chavales que se mofaban de ella.
Les daba una importancia igual a cero. Levantaba su mirada azul turquesa y hacía crujir la zanahoria entre sus dientes.
Masticaba mientras volvía a la lectura, mientras volaba de nuevo con nuestros poetas queridos.
Y yo sonreía. Sabía que seríamos amigas para siempre.

Vivimos la adolescencia entre las calles del gótico de Barcelona y nuestro segundo hogar, el barrio de Gracia.
Entrábamos y salíamos de nuestras respectivas casas como una más de la familia de la otra.

-"Mi mujer?!?!?!?", pffff... què fort!!!!
Espetó Giomar en voz alta en aquella tienda delante del señor y un montón de gente.
-Giomar!, le reñí sorprendida.
-Què?! és l'amo de la dona, o què?!

MI mujer, MI hijo, MI gato, MI amigo...
Es cierto, no deberíamos referirnos así a personas y/o animales. Deberíamos cambiar el sentido del lenguaje. Creo que hay muchos errores en él.
Cierto que acorta, abrevia, resume... yo misma digo "mis hijas", pero está mal dicho!, no son mías, son de ellas. No las poseo, no soy su dueña.

-M A D I C K E N !!!!!, NO emprenyis la meva gata!!!!!!!!!, oía de lejos gritar a Moira...
-No és la "teva" gata! 
-Oi tant que ho és!!!!!, mamaaaaaaaaaa!!!!! de qui és l'Alien?????

Oh... allá vamos...
Y me acerqué.

-Bé, doncs... d'ella mateixa?

Moira frunce las cejas. He de explicarme mejor...

-Vosaltres els hi feu de mare, els cuideu, els hi doneu menjar, netejeu el calaix de sorra... però, ben bé, no són vostres. Són l'Alien, és en Goku, l'Spiderman... 

Echo de menos a Guiomar, profesora de matemáticas en una escuela de Seattle, EEUU.
Echo de menos su sentido común, su visión de la vida, su espíritu libre y su amor incondicional.
Echo de menos esas largas noches cuestionándonos todo.
Y las risas que nos echábamos. Deberíais haber visto la cara de aquel señor! 

Moira y Madicken alimentando tres gatitos a los que su madre abandonó.
Cistella, Girona.

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