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El cuento del patito feo. 
Retrata muy mucho lo que esta podrida sociedad pretende.
Caras sin arrugas, cuerpos estilizados, juventud eterna...
Luchar por convertirte en bella/bello (más bellA, para qué nos vamos a engañar) y, una vez conseguido, creerte que lo has conseguido, has triunfado, has sido aceptada por todas aquellas personas que te despreciaban por tu físico.
Qué mal, no?
Qué mal que incluso hayan cuentos infantiles, los que se supone han de contar valores a los infantes, que traten y defiendan este tema.
Cuántas tiendas de ropa y cuán pocas librerías.
Siguen dibujando al malo gordo, con cicatrices y vestido de negro.
Leí hace poco un articulo de una chica que decía que, al final la aceptaron, "me convertí en cisne, luché por ello y lo conseguí".
Luchar por ello, obviamente, significó someterse a innumerables operaciones quirúrgicas, que muy probablemente pusieron en riesgo su vida. Pero no importaba, la meta era agradar y ser aceptada por un colectivo de gente que le dará igual que no tenga un discurso interesante, primará su belleza, la que estipula la época en que vivimos ahora.
Qué horror! 
Haced lo que queráis, pero yo recomiendo no llamar princesas a vuestras hijas, no halagar a las niñas/os con piropos como "qué guapa eres!, qué vestido tan bonito!, busquemos otras maneras de agradar, porque las hay. 


Me enfadé con Moira. Mucho. Perdí primero la paciencia, luego los nervios y, desgraciadamente, el respeto.
Abusé de mi condición de adulta. El tono de mis palabras es más severo, más duro. Que no quiere decir que tenga más sentido que el de ellas, ni más razón. Es jugar con ventaja. Está mal.
Y mi enfado, mi rabia iba en aumento sin saber razonar.
Y ambas empezaron a llorar.
A las dos les dolió, no lo que les dije, sino cómo se lo dije.
Paré en seco. Quise abrazarlas. Moira no me dejó, Madicken sí.
Salí del dormitorio y empecé a tender la ropa. Quería llorar pero la rabia no me dejaba.
Rabia por no haber sabido lidiar con la situación. Ya no servía decirme a mí misma que eran las once de la noche y estaba cansada, ya no colaba el hecho de que, inicialmente, tuviera razón. Había abusado de mi estatus de madre/adulta. 
Mi rabia era tal que no sabía donde esconderme.
Y apareció Madicken.
-M'has de prometre que mai més tornarà a passar això.
Y me tendió los brazos para que la cogiera en brazos.
Me abracé a ella como nunca antes había necesitado un abrazo. Hundí mi cabeza en su cuello y respiré hondo. Me senté en el suelo aún abrazada a ella.
-M'he equivocat?
-Sí
-Però en què?
-No li has deixat temps per pensar ni fer. S'ha estressat.
-sí que li he deixat temps!
-No el suficient.
...
Ahora tenía muchas ganas de llorar, pero no quería ni podía hacerlo delante de ella. Madicken odia ver llorar y más cuando es su familia. Madicken dixit.
-Gràcies Madicken. Moltes gràcies. Tens raó. M'he comportat fatal.
-Vés-hi i demana-li perdó. Arregla-ho.
-Deixa'm uns minuts.

Cuando tus hijas te enseñan a ser madre.
Ambas nos hemos pedido perdón. De corazón. Abrazos, besos y palabras que tienen todo el sentido.
Y Madicken sonriente y orgullosa mirándonos. Con una mano encima del hombro de cada una.
Crecer con ellas.



Moira baja a desayunar.
Abre la nevera, saca la leche, abre el armario y coge una taza.
Y mientras se sirve la leche en el tazón;
-saps què mama, jo no sé si pariré els meus fills o els adoptaré, això ho sabrà la "futura Moira", el què sé, és que tindré una piscina plena de pilotes.
Toma un sorbo de leche y con el bigote blanco, sonríe.
-ens ho passarem bomba!

-M'avorreixo
-Llegeix un llibre
-No en tinc ganes
-Juga als clics
-No em ve de gust
-Fes un pastís
-Puc?
-Pots, què?
-Fer el pastís?!
-Vols?
-Sí! m'ajudes?
-No, ara estic llegint
-Veus, no puc fer res!

Moira.
La pre-adolescencia.

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