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Seguramente son los más sabios, l@s niñ@s, digo…
No tienen experiencia, y quién sabe, quizás ese sea el quid de la cuestión…
Cuando buscas, cuando sales de ti, miras desde fuera, vuelves a entrar, sientes, y vuelves a salir.
Cuántas veces nos paramos en el camino a pensar? A encontrarnos.
“Tot bé Madicken?”
“Estic sentint la calor de la roca y la fredor de la mar. I penso”
Y la dejo en su silencio, en su pensar, mientras una sensación de amor me sube por el estómago.
Madicken.
Tjøme, Noruega.


Es saber divertirse el saber descansar.
Es una de las asignaturas pendientes para los que no sabemos estarnos quietos… Cuando sientes que el descanso es pérdida de tiempo, significa dejar de hacer, de crear, de aprender, de ver, de sentir…
Pero qué lejos de la verdad! Pararte, cerrar los ojos y sentir, es placer.
O al menos eso creo cuando lo hacen…
Estoy en ello, sigo en ello, pararme, sentir, ver y crear. Y divertirme con ello.
El descanso de las guerreras.
Moira y Madicken.
Tjøme, Noruega.
 

Una vez vi un documental, siento no recordar nada más que un testimonio, una frase.

“Soy mujer, negra, lesbiana y pobre”.

Nadie es libre si hay alguien que sufre por su condición.
Aquí y allí, me dan igual las líneas que hayan marcado sobre la tierra, yo no las veo. Yo sólo veo personas. 
Madicken
Tjøme, Noruega.


El verano noruego, para un/a niñ@ es más que el paraíso.
Atrás quedaron las lluvias, el frío y la oscuridad, los terribles siete meses de invierno. Y ahora, y hasta mediados de agosto, nunca se hará de noche.
Así que es@s pequeñ@s que durante la mayor parte del año se van a dormir a las siete y media/ocho de la tarde, de repente se les hace medianoche jugando, pero sobretodo, pescando cangrejos.
Porque sí, creo, que de todo lo que significa el verano noruego, el pescar cangrejos es, “la estrella”.
No se pescan para comer, tampoco se les daña en la pesca, simplemente se tira una cordel con una pinza de la ropa agarrada a un extremo, a ella han sujetado un mejillón abierto, así que los cangrejos corren a comerlo.
Los alzan y los guardan en cubos, los inspeccionan, los cuentan, los tocan y luego los lanzan de nuevo al mar. Así pueden pasarse horas y horas, y al día siguiente, lo mismo, más de lo mismo…
Las cazadoras de cangrejos.
Tjøme, Noruega.
 





"Haciendo equilibrios".
Cuántas veces respondió eso mi madre cuando le preguntaban cómo lo hacía...
El camino. Ese camino que se hace sola.
Yo soy la persona con la que pasaré el resto de mi vida. Los demás, me acompañaran durante etapas.
Mejor quererme, entenderme, respetarme.
Verme capaz. Confiar. Luchar y ganar.

"No és el camí perquè no arriba enlloc, mama!"

Me dijo Moira cuando nos perdimos en un bosque noruego y no encontraba, ni por asomo, el camino hacia la playa.

Y entonces lo entendí todo. Claro! si no te lleva a ninguna parte, déjalo, no es el camino.

Moira y Madicken
Tjøme, Noruega.

Me enteré una vez, mirando las publicaciones de colegas y amigos en Facebook, que había un café restaurante, en el centro de Barcelona, que había negado a una madre dar el pecho a su bebé, invitándola a esconderse en el cuarto de las escobas o el baño, o si lo deseaba, abandonando el lugar.
Para aquél entonces, amamantaba a mis dos hijas al mismo tiempo, tándem que se llama. 
Moira tenía 2 años y Madicken era muy chiquitita, no recuerdo cuantos meses, pero andaba todo el día enganchada.
Tomé la dirección del lugar y partí hacia allí. 
No me podía creer lo que acababa de leer. Mi plan era pedir una infusión y amamantar a Madicken, básicamente lo que hacía sin nunca recibir queja alguna, y menos la invitación a abandonar ningún lugar!
Escogí la mesa más centrada, mejor iluminada y estratégicamente colocada de manera que tanto los que entraban como los ya situados en el lugar pudieran verme. 
Y no pasó nada. 
Después de casi media hora, de idas y venidas de personal y clientela, nadie dijo nada. Ni miró raro, ni siquiera se percató de mi existencia me atrevería a decir…
Así que me levanté, pagué y salí del café restaurante. 
Era así de fácil que se pudiese desacreditar un establecimiento, un personal? Así que volví. 
“Te has olvidado algo?”
“No, bueno, sí. Me olvidé explicar y preguntar algo.”
“Ah! Eso!... bueno… verás… eso fue cosa de un tipo que trabajaba aquí, pero ya no está. Personalmente lo encontré muy feo… pero sí, pasó…. Pero tu has estado amamantando a tu bebé y nadie te ha dicho nada, no?”
“No. Aunque para serte sincera, deseaba que lo hicierais. Os habría tirado por el suelo todos vuestros estúpidos argumentos”.
Mientras entablábamos esa pequeña conversación, el camarero no había dejado la escoba ni por un momento, barriendo tres sobrecillos de azúcar de derecha a izquierda, juntándolos y separándolos para así empezar de nuevo.
Se paró de golpe. Y nos miramos.
“Yo también mamé de mi madre, sabes?”, me dijo el camarero.
“Y yo!”, respondí.



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